Como esas cosas que creías que nunca iban a pasar, pero que
ahora ya han pasado. Esos presentimientos que se acaban convirtiendo en
realidad. Esos momentos que ahora ya son recuerdos. Echar de menos a todas horas esos ‘ven’ suyos.
Que te agarre como si tuviera miedo a perderte en cualquier momento. Los besos
lentos. Los dos besos delante de la gente. Que juegue con tu pelo como si se
fuera a perder en el. Nadie entiende nuestra especial manera de querernos. Y
digo especial por no llamarla ‘nuestra manera’. No hacen falta etiquetas.
¿Miedo? A perderlo todo por una tontería. Por olvidar. Por tardar más de la
cuenta. ¿Orgullo? Mucho, pero solo aparece cuando estamos con gente. Y lo odio.
¿Inseguridades? Más bien yo diría timidez. Es el primer adjetivo que se me
viene a la cabeza cuando me preguntan por él. Me dicen que lo primero que digo
sobre el es malo, pero yo no pienso eso.
Me gustan todos y cada uno de sus defectos, o virtudes. Como los queráis
llamar. Porque lo que me gusta a mi puede que sea lo que más odie otra persona.
Porque todos somos perfectos, a nuestra especial manera.
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